Los dos primeros días son los que hacen el daño
El día de llegada suele ser la noche peor dormida de un viaje, y es también el día que casi todos los programas dejan más vacío. Esa combinación merece planificarse en lugar de confiar en que salga bien.
Las variables que viajan con uno son las de siempre: cuándo vio luz natural por última vez, cuándo comió por última vez, cuánta parte de la noche pasó mirando una pantalla y si la habitación está lo bastante oscura y silenciosa. Nada de eso es exótico y nada de eso necesita un programa.
Costumbres que sobreviven a un cambio de sitio
Son costumbres corrientes, no consejos sobre una afección. Quien tenga un problema de sueño debería hablar con su propio médico y no leer una web de viajes.
- Salir a la luz natural en la primera o segunda hora tras despertarse
- Mantener los horarios de comida más o menos estables en lugar de dejarlos a merced del horario
- Tratar la última hora antes de dormir como parte del día y no como un añadido
- Revisar la luz y el ruido de la habitación la primera noche, no la tercera
- Dar por hecho que la primera noche será mala y no construir el día alrededor de ella
