La práctica y las condiciones no son la misma oferta
En los programas que mantenemos, «mindfulness» describe dos cosas bastante distintas. A veces es una sesión programada, dirigida y de una duración indicada. A veces es un entorno —sin pantallas, sin ruido, con tiempo sin programar— descrito con un lenguaje que sugiere una práctica.
Las dos cosas son legítimas, y una es bastante más barata de ofrecer que la otra. No deberían leerse como la misma compra, y la palabra por sí sola no las separa.
Qué las separa
- ¿Hay una sesión programada, con hora y duración?
- ¿Está dirigida, y por alguien con una titulación declarada?
- ¿Es en grupo o individual?
- Si lo que se ofrece es silencio, ¿el silencio se garantiza o solo es probable?
